Ese nombre no me suena

La verdad que desde hace varios días no me sentía tan contenta y feliz como desde ayer en la noche.
Así que aproveche para dedicarle mis mejores horas al blog y algunas historias que por ahí están publicadas en varias plataformas de Internet y que son de mi autoria pero publicadas bajo un seudónimo.


Las personas utilizamos nombres diferentes cuanto por diferentes cuestiones no queremos que se sepa la verdadera identidad del autor por cuestiones personales, políticas o sociales.

Al principio, me negaba a utilizar un seudónimo pues no estaba segura de que nombre podía adoptar como propio y que fuera capaz de representar una parte de mi personalidad como autor de mis ideas. Aunque cada vez es menos frecuente por mi parte el uso de un nombre diferente al mio cuando publico, un nombre prestado de la imaginación (al menos en mi caso) aún conserva ese misterio por saber que piensan las personas de nuestras obras sin que ellos sepan que son nuestras. Creo que eso es lo que hace tan encantadores a los seudónimos. 

No diré cual era mi seudónimo pues de alguna manera seria traicionar a esa voz anónima que recibe los elogios (o las criticas) cuando me encuentro incapaz de hacerlo en mi nombre. Pero si puedo compartir algunas ideas que fueron candidatas para ser seleccionadas como posibles alternativas de un alias.
Algo para tomar en cuenta era que a través de la historia, muchas escritoras han tenido la necesidad de publicar con el nombre de varones para que sus obras vieran la luz y no se quedaran guardadas en un cajón solo por el hecho de haber sido escritas por la mano de una mujer.

Al principio pensé en elegir un nombre que me haya gustado mucho como para nombrar a un hijo (si es que los tuviera). Diego era una opción, pero como que no me gusto como sonaba y al final lo descarte. 

Cambiar el genero del autor ayuda un poco para que nadie (o casi nadie) logre enterarse de que verdaderamente se trata de la misma persona quien escribió esas lineas y quien tiene otros textos firmados por un nombre diferente. 
Sebastian también me encantaba, pero por algún motivo que hasta la fecha no puedo identificar tampoco termino de convencerme y fue descartado sin usar ni una vez.

Luis, Dorian, Antonio, Nivea, Irista, Basilio, Garo, Pancha... todos esos fueron también opciones para publicar en mi nombre.

En fin, el seudónimo a veces es necesario y otras veces innecesario conforme transcurren los años.
Algunos los adoptan de por vida (Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga Alias Gabriela Mistral) por ejemplo.
Al final, encontré el seudónimo perfecto que nada tiene que ver conmigo o con las ideas que explique al principio de este texto. Es tan común como especial y conforme pasan los años, cada vez es menos frecuente requerirlo.


Y tu... ¿has usado algún seudónimo al escribir?

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