Como seres humanos, estamos adaptados
por millones de años de evolución para buscar pertenecer a los grupos de
nuestro entorno y de esta manera establecer relaciones afectivas que nos ayuden
en nuestro crecimiento personal. Convivir para desarrollar las habilidades
necesarias para lograr un equilibro armónico con nuestros semejantes.
Algo que ha estado en aumento en los últimos años, es la cantidad de personas que viven quejándose
de absolutamente TODO lo que les sucede en su vida (Si no me cree, entre a Facebook o a Twitter en este instante y compruébelo por usted mismo).
Estas redes sociales se convirtieron en unos auténticos buzones de
quejas de cualquier tipo que está al alcance de nuestro Smartphone para
despotricar (a veces de manera exagerada) contra millones y millones de
situaciones tan cotidianas como ridículas.
Estas personas sufren desde que se despiertan en las mañanas hasta que
la energía de su cuerpo no les permite continuar con su letanía de quejas:
