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Hace pocos días, tuve la pena de asistir al funeral de una recién nacida.

La bebita apenas estuvo en esta vida durante una semana completa, pasando cada instante de su existencia luchando por sobrevivir un día más.
Desafortunadamente, su corazón no resistió la lucha y falleció minutos después que su madre había salido de la habitación a preguntar un informe sobre como evolucionaba la salud de su hija.

No pude ir a su velorio, pero si asistí cuando enterraron su cuerpecito en el panteón.
Ahí, las pocas personas reunidas, le dimos el ultimo adiós y deseamos con todo nuestro corazón que donde se encontrará no existiera el sufrimiento y la alegría de su alma acompañara en todo momento a su desconsolada madre.

Llore. Llore mucho, llore porque esa niña nunca podría disfrutar de la brisa del viento soplando desde el norte, porque no podría ver los amaneceres que nos regala el universo cada mañana y nos recuerda que de cierta manera lo único que más o menos nos pertenece es el ahora.
Luego me puse a pensar, que no faltaba mucho para que mi cuerpo terminara también bajo varios kilos de arena, encerrado en un ataúd de colores opacos y que tal vez no habría aprovechado mi vida haciendo lo que quería.


Hoy desperté con un agradable optimismo en mi alma.
Y aunque debo admitir que hay ocasiones en las que la tristeza y el odio hacia mi persona se vuelven presentes en mi realidad (porque yo así mismo lo decido), este día fue la deliciosa excepción.

Coincidentemente, el día también ayudo a que este estado de optimismo se prolongara hasta altas horas de la noche. Pude disfrutar de un agradable día soleado con las juguetonas caricias del viento que se entretenía jugando con mi cabello.

Con lo anterior, me di cuenta de una cosa tan obvia pero a la vez tan escondida para mi quejumbrosa existencia: amo mi vida tal como esta en este perfecto instante.
Aunque podría tener millones y millones de problemas, no es así.
No sufro en una cama de hospital por una de esas terribles enfermedades que cobran las vidas de millones a diario en todo el mundo.
No he sufrido una perdida devastadora de algún ser querido.
Aunque es modesto, tengo un hogar con una familia y afortunadamente nunca falta alimento en mi casa.

Para ser sincera, aunque en ocasiones se sienta como si el mundo se te viniera encima y quisieras cambiar tu vida porque consideras que no tienes todo lo que quisieras al momento que tu quieres, o que otras personas tienen mas suerte que tu porque pareciera que su vida si es perfecta solo porque su situación económica es mas holgada, debes ponerte a reflexionar en que sucedería si todo lo que posees hoy ya no existiera mañana. (Casa, familia, alimento, salud, amigos)

En cuanto a  mi, disfrute tanto mi día que planeo repetir esta sensación de bienestar de una manera consiente y en paz. :)

Un saludo y gracias por leer 


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